
Despierto y estoy sola, entre barrotes de hielo, mi corazón escarchado, mis venas igual que acero. Sangra mi ahogado aliento, hasta caer en mi pecho, lloran mis ojos sinceros, y cada vela del cielo, cada estrella, se apaga sin tu recuerdo.
Mis muñecas están atadas, y mis ganas de vivir se marchitan, mientras mi mirada, ya no intenta ver nada, cerré mis ojos con lágrimas y quedé para siempre perdida.
Tú ya no estás a mi lado, ni volverás nunca conmigo, en tu mano una carta escrita, en la carta, un poema de olvido. Tristes gotas de lágrimas marcadas, la tinta borrada y cada palabra, en cada verso, inacabada.
Ahora se que sin ti no vivo, que tan sólo soy una mancha en tu destino, un ser más en tu vida, en tu camino.
Me dejé morir solitaria, entre las sombras de un mundo oscuro, llorando y desgastando mi cuerpo, sola, entre cuatro muros.
Cementerio nocturno, lugar de soledad y tranquilidad en éste mundo, almas en pena, tan solo, vagabundos. Tu losa queda enfrente, mi cuerpo arrodillado, y con cuchillo en mi mano, dejé mi vida inerte. Te amaba tanto que sabías que moriría, que nunca te olvidaría, pues antes abandonaría mi cuerpo, en la más lúgubre agonía.
Yace mi corazón sobre tu fría losa de mármol, tiritando su inconsciente latido en las sombras, que acelerándose aumenta su pulso, bajo la triste luz que ésta noche la luna alumbra.
Cruel cadena me ata a un triste destino, irregular el camino, y eterna mi muerte, siempre estaré, por siempre en tu olvido, o nunca en tu recuerdo mi cuerpo ya inerte.
Cuan dulce fue sentir tus labios sobre los míos ya muertos, y que agradable la caricia que tus dedos me regalaron antes de perderme en la eterna oscuridad, pero más placentera aún fue tu dulce mirada sincera, que en mi mirada clavada me llevó a un eterno sueño de libertad.
Ojalá existiera realmente ese sueño, donde no habría que morir para estar contigo, donde matar no tuviera sentido, y siguieras siempre a mi lado, conmigo, y donde las sombras tan solo fueran un paso en este triste mundo, en mi camino. Una de tantas puertas que nos conducen a un lugar de ensueño, donde el único dolor sería perderte y olvidar tu nombre, olvidarte y no poder recordarte, morir sin verte un última vez, morir sin poder olvidarte, y saber que lo haré sin poder volver a tenerte.
Caí del cielo para estar contigo, ahora lo recuerdo, era un ángel caído, entre el cielo y el infierno. Eso significa que nunca podré morir, me condené yo sola a sufrir, a llorar en cada esquina por ti.
Vida injusta, muerte perversa, mi castigo por querer estar contigo supongo, no recompensa.
Ahora lloraré n la eternidad por tu latido, mientras te extrañe infinitamente, lúgubre destino, frío camino, oscura muerte…
Mis muñecas están atadas, y mis ganas de vivir se marchitan, mientras mi mirada, ya no intenta ver nada, cerré mis ojos con lágrimas y quedé para siempre perdida.
Tú ya no estás a mi lado, ni volverás nunca conmigo, en tu mano una carta escrita, en la carta, un poema de olvido. Tristes gotas de lágrimas marcadas, la tinta borrada y cada palabra, en cada verso, inacabada.
Ahora se que sin ti no vivo, que tan sólo soy una mancha en tu destino, un ser más en tu vida, en tu camino.
Me dejé morir solitaria, entre las sombras de un mundo oscuro, llorando y desgastando mi cuerpo, sola, entre cuatro muros.
Cementerio nocturno, lugar de soledad y tranquilidad en éste mundo, almas en pena, tan solo, vagabundos. Tu losa queda enfrente, mi cuerpo arrodillado, y con cuchillo en mi mano, dejé mi vida inerte. Te amaba tanto que sabías que moriría, que nunca te olvidaría, pues antes abandonaría mi cuerpo, en la más lúgubre agonía.
Yace mi corazón sobre tu fría losa de mármol, tiritando su inconsciente latido en las sombras, que acelerándose aumenta su pulso, bajo la triste luz que ésta noche la luna alumbra.
Cruel cadena me ata a un triste destino, irregular el camino, y eterna mi muerte, siempre estaré, por siempre en tu olvido, o nunca en tu recuerdo mi cuerpo ya inerte.
Cuan dulce fue sentir tus labios sobre los míos ya muertos, y que agradable la caricia que tus dedos me regalaron antes de perderme en la eterna oscuridad, pero más placentera aún fue tu dulce mirada sincera, que en mi mirada clavada me llevó a un eterno sueño de libertad.
Ojalá existiera realmente ese sueño, donde no habría que morir para estar contigo, donde matar no tuviera sentido, y siguieras siempre a mi lado, conmigo, y donde las sombras tan solo fueran un paso en este triste mundo, en mi camino. Una de tantas puertas que nos conducen a un lugar de ensueño, donde el único dolor sería perderte y olvidar tu nombre, olvidarte y no poder recordarte, morir sin verte un última vez, morir sin poder olvidarte, y saber que lo haré sin poder volver a tenerte.
Caí del cielo para estar contigo, ahora lo recuerdo, era un ángel caído, entre el cielo y el infierno. Eso significa que nunca podré morir, me condené yo sola a sufrir, a llorar en cada esquina por ti.
Vida injusta, muerte perversa, mi castigo por querer estar contigo supongo, no recompensa.
Ahora lloraré n la eternidad por tu latido, mientras te extrañe infinitamente, lúgubre destino, frío camino, oscura muerte…