
El clava sus puños en la mesa, y ella derrama 1 lágrima mientras escucha la triste melodía del piano abandonado de su mente.
Hundida su mirada, en lamentos de dolor y agonía, desesperada en su inexistencia, permanecía, dormitaba bajo robles de edad prodigiosa, y escuchaba en estos el latido de vida que su corazón ya no podía pronunciar.
Ausencia en su interior y vacío, soledad desesperada de inesperada esperanza, y tristes notas, en su piano, de dolor.
Lúgubres muros de rencor y edades, encerraban sus marchitos y oscuros pensamientos en la habitación que lentamente se convirtió en su cárcel, en la guarida de la que temía quedar presa y no querer huir jamás.
Gritaba inconsciente mientras se encontraba atada al destino que le tocó vivir, mientras en sueños se veía morir cada noche, sabiendo que al despertar no solo sería un sueño, sabiendo que su realidad llegaba a ser más oscura si cabe.
Perdida en el horizonte se encontraba su dulce mirada, sin nada que observar ni mirar, sin motivos para ver más allá de la eterna muerte que próxima a su cuello se encontraba.
Ahogada en los susurros de la noche, mientras perdía su mirada en el invisible viento, y desterrado su corazón a la luz de la más débil estrella del cielo, se ocultaba de la luz que el sol le entregaba cada amanecer.
Impotente y mísera su presencia, mientras vagando en la penumbra de un bosque olvidado, recordaba su pasado, y lloraba por dichos recuerdos, siéndole inevitable aferrarse fuertemente a los árboles que como frías personas la observaban desde su más alto ramaje.
Cansada de la extrema desesperación de su moribunda existencia, arrebataba y cortaba la piel de su cuerpo lentamente mientras el dolor la hacía olvidar en un gemido de insufrible sufrimiento, pues se sentía culpable de herir a aquellos que lo dieron todo por su persona.
Y apoyada en el tronco de un árbol de gran porte, cobijada entre las ramas que llegaban a tocar el suelo, del lugar en la sombra donde su sangre abandonó su cuerpo en una carrera por derramarse de sus heridas, dormitó su último sueño, el que precede a la muerte, el que condujo su consciencia hacia la inexistencia absoluta, de donde jamás despertaría, de donde jamás regresaría, y en donde nunca podría volver a existir…
Hundida su mirada, en lamentos de dolor y agonía, desesperada en su inexistencia, permanecía, dormitaba bajo robles de edad prodigiosa, y escuchaba en estos el latido de vida que su corazón ya no podía pronunciar.
Ausencia en su interior y vacío, soledad desesperada de inesperada esperanza, y tristes notas, en su piano, de dolor.
Lúgubres muros de rencor y edades, encerraban sus marchitos y oscuros pensamientos en la habitación que lentamente se convirtió en su cárcel, en la guarida de la que temía quedar presa y no querer huir jamás.
Gritaba inconsciente mientras se encontraba atada al destino que le tocó vivir, mientras en sueños se veía morir cada noche, sabiendo que al despertar no solo sería un sueño, sabiendo que su realidad llegaba a ser más oscura si cabe.
Perdida en el horizonte se encontraba su dulce mirada, sin nada que observar ni mirar, sin motivos para ver más allá de la eterna muerte que próxima a su cuello se encontraba.
Ahogada en los susurros de la noche, mientras perdía su mirada en el invisible viento, y desterrado su corazón a la luz de la más débil estrella del cielo, se ocultaba de la luz que el sol le entregaba cada amanecer.
Impotente y mísera su presencia, mientras vagando en la penumbra de un bosque olvidado, recordaba su pasado, y lloraba por dichos recuerdos, siéndole inevitable aferrarse fuertemente a los árboles que como frías personas la observaban desde su más alto ramaje.
Cansada de la extrema desesperación de su moribunda existencia, arrebataba y cortaba la piel de su cuerpo lentamente mientras el dolor la hacía olvidar en un gemido de insufrible sufrimiento, pues se sentía culpable de herir a aquellos que lo dieron todo por su persona.
Y apoyada en el tronco de un árbol de gran porte, cobijada entre las ramas que llegaban a tocar el suelo, del lugar en la sombra donde su sangre abandonó su cuerpo en una carrera por derramarse de sus heridas, dormitó su último sueño, el que precede a la muerte, el que condujo su consciencia hacia la inexistencia absoluta, de donde jamás despertaría, de donde jamás regresaría, y en donde nunca podría volver a existir…