
Vida injusta, que nos conduce por un pasillo hacia la puerta tras la que se encuentra la muerte, que nos llegará a todos tarde o temprano...
Caida la noche me encuentro sola, mientras la luna llora incansable por el latir de mi corazón marchito, que muere y pierde la esperanza por vivir.
Me siento insignificante en vida, sin derechos para una vida humana en algún sentido, demasiado culpable del dolor de corazones ajenos, destrozados por mi forma de ser...
Lúgubre encontré en la noche tu mirada, mientras te alejabas de mi lado sin más palabras para dedicarme que un simple y sencillo adiós, ahogado entre las lágrimas que gritaban por derramarse de tus ojos en ese momento...
Triste la voz que mi garganta intentó lanzar al aire para consolar tus miedos, pero no pudo surgir, pues yo tenía más miedo aún por el daño que te había hecho, porque vi en tus ojos como te desgarré el alma, como inhumanamente te hice daño torturando tu corazón, y nunca podré perdonármelo, porque no soy digna de una vida fuera del luto que llevo por todo un pasado oscuro en mi vida...
La muerte se acerca a mi en las noches de mayor soledad y dolor, cuando mis lagrimas se derraman por mis mejillas inconscientemente, para esperar junto a mi cama a poder arrebatarme la vida en cuanto me duerma...
Ojalá el mundo fuera diferente, al igual que mi forma de ser, pero no se puede cambiar lo que el pasado escribió en los recuerdos y el corazón de cada persona... pero en estos momentos puede que uno se plantee otras salidas, más agresivas o más tristes para no sufrir tanto... opciones para el final de una vida de tormentos, dolor, soledad y oscuridad absoluta en el corazón...