
Gris la luz del cielo teñido de sombras,
Rojo ahora el suelo tintado de sangre,
Verde la esperanza volando de allí,
Perdida la vida, el calor y su nombre.
Desciendo en tinieblas buscando su voz,
Marchito en recuerdos de nuestro camino,
Olvido el destino que entre los dos,
Borramos ya tantas veces del olvido.
Y ahora te encuentro tendido en el suelo,
Cautivo del miedo que me hace llorar,
Sangrando tu boca, sangrando tu pecho,
Muriendo en silencios de soledad.
Me acerco, te tocó, desprendes dolor,
El frío en tus manos anuda mi boca,
No tengo palabras que dar a tu vida,
No soy sino ahora la más fría roca.
Ausente del latido de tu corazón, lloro,
Perdida sin el calor de tu cuerpo, muero,
Carente del sabor de tus labios, me ahogo,
Marchita en mi longeva agonía, he muerto.
Y sobre el suelo dos cuerpos abrazados,
Recordándose uno a otro el precio de la muerte en vida,
Sencillamente, locos y enamorados,
Muriendo por su mutuo amor, sin otra salida…