
La luna narra la historia de la joven que quedó para siempre marchita en un mundo de soledad y felicidad al mismo tiempo, donde los años no pasaban por su mente pero su corazón marchitaba en la penumbra…
Su cabello brillaba ante la deslumbrante luz de la luna de aquella noche, mientras como hechizada caminaba hacia el horizonte, hipnotizada por el sonido embriagador de una música que le era conocida, un sonido de su niñez que nunca pudo olvidar.
Sus pasos la guiaron hacia un puente viejo de piedra, deteriorado y tan negro como el mismo miedo, y sobre una de sus enormes piedras, una caja de música abierta, de donde provenía ese especial sonido.
Se acercó y la observó desde lo lejos, detenida y sigilosamente mientras se preguntaba el porqué de esa caja allí, junto a ella, que la llamaba…
Al fin la cogió, mientras su melodía iba adentrándose en su mente, mientras cada nota se incrustaba en el lugar más profundo de sus recuerdos, haciéndole soñar despierta en soledad… finalmente la melodía acabó, se apresuró para volver a darle cuerda pero sintió que ya no se encontraba sola en la oscuridad de la noche.
Se giró lentamente, temerosa de lo que encontraría a sus espaldas y allí estaba un hombre, mirándola fijamente, observando cada uno de los pasos de la dama, callado en las sombras contemplando sus gestos, su rostro, sus labios… un simple cruce de miradas surgió en ese instante, nada más, hasta un tímido y leve:
- ¿quién sois vos?
Por parte de la joven, a lo que él no contestó, siguió mirándola…
Sin saber cómo ni por qué, ella se encontraba fija en su mirada, sin poder mirar nada más que no fueran los ojos de aquel de quien no sabía nada, cautiva de un ser que ni sabría juzgar como real o irreal, pues la magia que le expresaba era tal… pues el vacío que en ella llenaba era tan inmenso… que parecía un sueño…
El joven se acercó a ella, con su mano extendida para tomar la de la dama, quien se la entregó confiada… sus ojos seguían fijos, como unos dentro de otros, como conectados invisiblemente. Con su otra mano, él tapó los ojos de la dama acercando su cara a la de ella y susurrándole al oído que confiara en el… ella le seguía pues sus palabras eran como una droga para sus oídos.
Ella con los ojos cerrados, el con ella tomada de la mano, le pidió que no abriera los ojos y la besó, mientras, ella seguía con los ojos cerrados sin negar la petición de aquel que le hablaba, cuando sintió una mano que rodeaba su cintura entre caricias de algodón que nunca antes sintió, placer oculto que disfrutó con los ojos cerrados, dejando volar a su imaginación con el retrato de ese hombre grabado en su mente…
Tristes gotas de lluvia comenzaron a caer sobre su rostro y su cuerpo, mientras el la rodeaba en un abrazo eterno susurrándole al oído palabras de amor, diciéndole que cada noche se verían allí los dos, que la amaba y que siempre la amó, que nunca podría olvidarla ni quería hacerlo, que ella lo era todo para él y que sin ella estaba más muerto…
- ¿Más muerto?
Preguntó ella extrañada, y al girarse él solo era soledad, oscuridad y penumbra de un sueño, nada existía, nada le abrazaba ni le susurraba al oído, se asustó, estaba confusa, incumplió la petición de mantener los ojos cerrados.
Intentó volver a mirarle, intentó encontrarle y explicarse que fue de ese sueño tan real y cómo pudo tenerlo sobre el puente de piedra, hasta que buscó en sus manos y allí encontró una caja de música, a la que hacía falta dar cuerda, y al hacer sonar de nuevo la melodía que la llevó hacia allí regresó de entre la oscuridad el que tiempo antes la hubo conquistado con miradas y caricias.
Sin embargo, su cabeza se encontraba agachada, sus ojos lloraban y sus lágrimas caían al suelo, no levantaba la mirada y ella, asustada por verle así, se agachó a sus pies pidiéndole perdón por haberle querido mirar, pues ahora comprendía que estaba muerto…
Mientras miraba al suelo, arrodillada, vio pequeñas gotas de sangre manchar el suelo, y al mirar hacia arriba los ojos de ese ángel oscuro sangraban, eran oscuros y faltos de algún sentimiento esperanzador…
- No podrás volver a verme a no ser que mueras como yo.
Ella le miró fijamente, intentando ver en ese rostro de lágrimas de dolor del rostro que antes pudo observar mirándola fijamente, esa mirada que la embriagó y hechizó esa noche, esa mirada única, especial, real e irreal a la vez… y sabía que le quería en realidad, o eso pensaba, era una atracción extraña del uno hacia el otro…
- Moriré si así puedo estar contigo eternamente, aunque vaguemos por un mundo de sombras eternas de donde no volvamos jamás, como seres etéreos en la noche…
Él la miró y sus ojos dejaron de llorar… Alzó la vista y vio a su amada sentada en el borde del puente, a punto de saltar, para morir ahogada y vivir siempre junto a el…
Saltó, y en el río quedó por siempre como una ninfa acuática, como una dama de las profundidades murió, ahogada y desesperada sin oxígeno en sus pulmones pero con una sonrisa grabada en su cara...
Su cabello brillaba ante la deslumbrante luz de la luna de aquella noche, mientras como hechizada caminaba hacia el horizonte, hipnotizada por el sonido embriagador de una música que le era conocida, un sonido de su niñez que nunca pudo olvidar.
Sus pasos la guiaron hacia un puente viejo de piedra, deteriorado y tan negro como el mismo miedo, y sobre una de sus enormes piedras, una caja de música abierta, de donde provenía ese especial sonido.
Se acercó y la observó desde lo lejos, detenida y sigilosamente mientras se preguntaba el porqué de esa caja allí, junto a ella, que la llamaba…
Al fin la cogió, mientras su melodía iba adentrándose en su mente, mientras cada nota se incrustaba en el lugar más profundo de sus recuerdos, haciéndole soñar despierta en soledad… finalmente la melodía acabó, se apresuró para volver a darle cuerda pero sintió que ya no se encontraba sola en la oscuridad de la noche.
Se giró lentamente, temerosa de lo que encontraría a sus espaldas y allí estaba un hombre, mirándola fijamente, observando cada uno de los pasos de la dama, callado en las sombras contemplando sus gestos, su rostro, sus labios… un simple cruce de miradas surgió en ese instante, nada más, hasta un tímido y leve:
- ¿quién sois vos?
Por parte de la joven, a lo que él no contestó, siguió mirándola…
Sin saber cómo ni por qué, ella se encontraba fija en su mirada, sin poder mirar nada más que no fueran los ojos de aquel de quien no sabía nada, cautiva de un ser que ni sabría juzgar como real o irreal, pues la magia que le expresaba era tal… pues el vacío que en ella llenaba era tan inmenso… que parecía un sueño…
El joven se acercó a ella, con su mano extendida para tomar la de la dama, quien se la entregó confiada… sus ojos seguían fijos, como unos dentro de otros, como conectados invisiblemente. Con su otra mano, él tapó los ojos de la dama acercando su cara a la de ella y susurrándole al oído que confiara en el… ella le seguía pues sus palabras eran como una droga para sus oídos.
Ella con los ojos cerrados, el con ella tomada de la mano, le pidió que no abriera los ojos y la besó, mientras, ella seguía con los ojos cerrados sin negar la petición de aquel que le hablaba, cuando sintió una mano que rodeaba su cintura entre caricias de algodón que nunca antes sintió, placer oculto que disfrutó con los ojos cerrados, dejando volar a su imaginación con el retrato de ese hombre grabado en su mente…
Tristes gotas de lluvia comenzaron a caer sobre su rostro y su cuerpo, mientras el la rodeaba en un abrazo eterno susurrándole al oído palabras de amor, diciéndole que cada noche se verían allí los dos, que la amaba y que siempre la amó, que nunca podría olvidarla ni quería hacerlo, que ella lo era todo para él y que sin ella estaba más muerto…
- ¿Más muerto?
Preguntó ella extrañada, y al girarse él solo era soledad, oscuridad y penumbra de un sueño, nada existía, nada le abrazaba ni le susurraba al oído, se asustó, estaba confusa, incumplió la petición de mantener los ojos cerrados.
Intentó volver a mirarle, intentó encontrarle y explicarse que fue de ese sueño tan real y cómo pudo tenerlo sobre el puente de piedra, hasta que buscó en sus manos y allí encontró una caja de música, a la que hacía falta dar cuerda, y al hacer sonar de nuevo la melodía que la llevó hacia allí regresó de entre la oscuridad el que tiempo antes la hubo conquistado con miradas y caricias.
Sin embargo, su cabeza se encontraba agachada, sus ojos lloraban y sus lágrimas caían al suelo, no levantaba la mirada y ella, asustada por verle así, se agachó a sus pies pidiéndole perdón por haberle querido mirar, pues ahora comprendía que estaba muerto…
Mientras miraba al suelo, arrodillada, vio pequeñas gotas de sangre manchar el suelo, y al mirar hacia arriba los ojos de ese ángel oscuro sangraban, eran oscuros y faltos de algún sentimiento esperanzador…
- No podrás volver a verme a no ser que mueras como yo.
Ella le miró fijamente, intentando ver en ese rostro de lágrimas de dolor del rostro que antes pudo observar mirándola fijamente, esa mirada que la embriagó y hechizó esa noche, esa mirada única, especial, real e irreal a la vez… y sabía que le quería en realidad, o eso pensaba, era una atracción extraña del uno hacia el otro…
- Moriré si así puedo estar contigo eternamente, aunque vaguemos por un mundo de sombras eternas de donde no volvamos jamás, como seres etéreos en la noche…
Él la miró y sus ojos dejaron de llorar… Alzó la vista y vio a su amada sentada en el borde del puente, a punto de saltar, para morir ahogada y vivir siempre junto a el…
Saltó, y en el río quedó por siempre como una ninfa acuática, como una dama de las profundidades murió, ahogada y desesperada sin oxígeno en sus pulmones pero con una sonrisa grabada en su cara...