23/3/08

Sueño o realidad


Una noche tuve un sueño…
En el sueño estaba acostada sobre un manto de rojas amapolas, mirando un cielo azul intenso con nubes como algodón. Se notaba un ambiente de verano en una de las más bonitas tardes que yo recordaba haber vivido jamás, y bajo un sol que calentaba mi cuerpo yo perduraba tumbada, como inmóvil. Las mariposas volaban a mí alrededor, mientras oía los dulces cantares de pájaros que debían encontrarse cercanos. Cada día era rápido y fugaz, y cada noche se bañaba de suave brisa.
Un día una hoja cayó sobre mi cara, pero el viento se la llevó enseguida. Miles de hojas se desprendían de las ramas de los árboles, mientras el viento cegaba mis ojos con la arena del suelo. Las flores se debilitaban y el cielo se teñía totalmente de nubes espesas, mientras yo seguía inmóvil sin poder levantarme del suelo. Los días se hacían más pesados y el viento me abatía por las noches.
Pero al despertar otra mañana, todo era oscuro y vacío, nubes negras cubrían el cielo que era gris ceniza. Las débiles amapolas ahora estaban marchitas y el frío arrastraba sus pétalos hacia ningún lugar. Los árboles se secaban y mi cuerpo comenzaba a congelarse lentamente, pues había nieve y hielo a mi alrededor. El intenso frío, la nieve, la lluvia, el granizo y el viento, quemaban mi cara y me hacían llorar mientras notaba cada vez más lento el latir de mi corazón. Los días se hacían interminables, y las noches me mataban de frío. Con mis labios secos y mis lágrimas congeladas me perdía en las tinieblas del mundo. Por mis venas no corría ya la sangre y en mi mente alojada estaba la desesperación, pues morir sola de frío y notando como poco a poco pierdes la vida te produce tristeza en tu interior.
Y así morí en el sueño, y al despertar volví al mundo real, no obstante estaba fría. Mi piel estaba tan blanca como la nieve de mi oscuro sueño, y mi corazón no latía… me asusté… pero ví que una dama tapada con una capa oscura se encontraba a mi lado, cogiéndome la mano para que no tuviera miedo y conduciéndome hacia una luz más blanca e intensa que el sol. Su guadaña me fue conocida y la tranquilidad que me expresaba era tal que me dejé llevar mientras recordaba el sueño de mi muerte esa noche. Ya la conocía de sueños y su imagen no me era extraña ni desconfiaba de su ser. Y así llegué a comprender que la muerte es tan solo otra puerta más en la vida, y que la vida es una puerta más en la muerte…

3 comentarios:

Anónimo dijo...

en eso estoy contigo: yo creo que al otro lado hay paz, hay descanso y hay vida, y hay libertad

amor

Carolina dijo...

m alegra quealguien más opine como yo...

Anónimo dijo...

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