
Se ve la luna desde mi ventana, en una noche oscura de soledad perpetua, mientras los recuerdos de un pasado me atacan. Ahora sé que no estoy viva, y que los latidos de mi corazón cesaron su sonar hace tiempo. Ya no siento el suave abrazo que las estrellas me concedían, pues mi muerta piel es ahora insensible ante algún sentimiento. Llorando entre cuatro paredes de cristal me encuentro, abandonada mi suerte en un rincón, sufriendo la condena de ser ahora inerte.
Me abandonaste en el peor de los momentos, condenando así mi vida a vagar eternamente. Veo tras las paredes el recuerdo de una vida injusta, en la que la pena y el dolor absorbieron mi sangre, dejando mis venas sin vida en lo peor del mundo de mis tinieblas.
Dejé pasar un rayo de luz en mi cristalina estancia, pero el fuerte reflejo me obligó a cerrar los ojos, sumiéndome así en un eterno sueño. El terrible deseo de cambiar mi suerte, me hacía tiritar de frío en el oscuro sueño de mi inconsciencia.
Mi corazón siente miedo y ganas de llorar, mientras intenta resucitarse a si mismo entre las sombras del cruel destino. Clavadas en mi interior llevo cuchillas, que raspantes y dolorosas heridas provocan en mi vida, pero que no alcanzo a sentir en mi ya muerta conciencia.
Sangre derramada por mis labios, que describe mi muerta existencia y el calor desvanecido de mis venas. Rotas las cadenas con que me esclavizaron, pero ahora… siento miedo. Me acostumbré a la jaula donde se encerraron mis sueños, mis ilusiones, y donde pasé mi vida siendo injustamente esclava. Me acostumbré a mirar al exterior tan solo desde mi ventana y a no sentir el viento rozando mi piel.
Empapelé las paredes con dibujos de cadenas, pero ahora, con mi libertad conseguida, me sentía extraña…
Latía mi corazón, y el fuerte retumbar me hacía daño, el viento cortaba mi cara y me producía heridas; el mundo era demasiado grande para mi, y me retiré de nuevo a mi cárcel, donde me enseñaron a estar y donde nunca quise estar.
La costumbre hizo que mi destino se convirtiera en empuñar los barrotes que me alejaban de mi ansiada, por tiempos, libertad.
“Palabras ante un futuro que temo pueda cumplirse algún día…”
Me abandonaste en el peor de los momentos, condenando así mi vida a vagar eternamente. Veo tras las paredes el recuerdo de una vida injusta, en la que la pena y el dolor absorbieron mi sangre, dejando mis venas sin vida en lo peor del mundo de mis tinieblas.
Dejé pasar un rayo de luz en mi cristalina estancia, pero el fuerte reflejo me obligó a cerrar los ojos, sumiéndome así en un eterno sueño. El terrible deseo de cambiar mi suerte, me hacía tiritar de frío en el oscuro sueño de mi inconsciencia.
Mi corazón siente miedo y ganas de llorar, mientras intenta resucitarse a si mismo entre las sombras del cruel destino. Clavadas en mi interior llevo cuchillas, que raspantes y dolorosas heridas provocan en mi vida, pero que no alcanzo a sentir en mi ya muerta conciencia.
Sangre derramada por mis labios, que describe mi muerta existencia y el calor desvanecido de mis venas. Rotas las cadenas con que me esclavizaron, pero ahora… siento miedo. Me acostumbré a la jaula donde se encerraron mis sueños, mis ilusiones, y donde pasé mi vida siendo injustamente esclava. Me acostumbré a mirar al exterior tan solo desde mi ventana y a no sentir el viento rozando mi piel.
Empapelé las paredes con dibujos de cadenas, pero ahora, con mi libertad conseguida, me sentía extraña…
Latía mi corazón, y el fuerte retumbar me hacía daño, el viento cortaba mi cara y me producía heridas; el mundo era demasiado grande para mi, y me retiré de nuevo a mi cárcel, donde me enseñaron a estar y donde nunca quise estar.
La costumbre hizo que mi destino se convirtiera en empuñar los barrotes que me alejaban de mi ansiada, por tiempos, libertad.
“Palabras ante un futuro que temo pueda cumplirse algún día…”
1 comentario:
ya sabes que no estas sola.te ofrezco,mis manos,para que puedas agarrarte a la vida, te ofrezco mi hombro, para que tengas donde apoyarte, te ofrezco mi alma, mi vida y mi corazon.aqui los tienes,solo tienes que querer
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