1/9/08

Fría soledad...


El cielo está nublado, ni una sola estrella se ve, tan solo la luna parece clarear como olvidada tras las sombras de la noche. La brisa es helada y penetra en los huesos hasta congelarlos y partirlos en dos, hasta tensar los músculos de cualquier cuerpo olvidado en las tinieblas, hasta matar toda señal de vida. Paseo por las calles olvidadas de un lugar perdido en recuerdos, abandonadas sus casas y deshabitada cada estancia por la que en silencio paseo. Miro cada ventana rota, cada puerta arañada, cada muro de cada casa a medio derrumbar y pienso en la tristeza que eso provoca. Camino arropada por mí ya casi expirado aliento, ahogada en el vacío de no ver nada, sumida en las sombras que produce la escasa luz de la luna. Busco a mí alrededor y no encuentro nada, el silencio es tal que sé que nadie más se encuentra a mi lado, que estoy segura de que no podré asustarme más que del chirriar de puertas oxidadas o del viento al rozar los árboles. Abandonada a mi suerte me siento en el suelo, intentando encontrar razones que me aclaren mi existencia, que me expliquen mi vida, o mi muerte, que me hagan comprender el por qué de esa soledad rodeando mi ser. Me estoy adormeciendo por el frío, lo noto, y cada vez mi piel está más muerta, cada vez siento menos mis dedos, mis manos, mis brazos, pues el poco calor que albergo está en mi corazón. Empiezo por no sentir algunas partes de mi cuerpo, mis piernas, lentamente, muy lentamente, como el veneno fluye por las venas, como te mata el agua cuando te ahogas, y en mi soledad me asusto, pero ya es tarde para echar a andar. Intento no respirar mucho del frío aire que corta, pero es inevitable, me estoy congelando por dentro. Mi garganta se enfría y se reseca, me duele, hasta que el sabor de la sangre llega a mi boca, toca mi lengua, y entonces sé que no duraré mucho. No quiero cerrar mis ojos, pues eso me debilitaría más aún y me haría dormir del todo, los intento mantener abiertos, intento fijar mi mirada en el muro de enfrente. Me empiezan a doler los brazos, la sangre ya no fluye líquida por ellos, es como si me los apretaran muy fuerte dos manos invisibles para impedirme seguir viviendo. Mi piel es blanca, y la punta de los dedos empieza ya a quedarse congelada mientras noto esa textura diferente, rígida y tersa que puedo apreciar aún con los dedos de mi otra mano. Mis órganos empiezan a dolerme, pues también se congelan, pues también se endurecen. Mi cabeza es demasiado pesada y mi cuello no puede aguantar más, no puedo controlar mi cuerpo ya, solo puedo notar como lenta y dolorosamente pierdo la vida entre la eterna oscuridad. Mi cabeza queda apoyada en mi hombro, y ya se que estoy muerta, mi cerebro deja de reaccionar y noto ese instante donde mi corazón hace lo posible inútilmente porque mi cuerpo reciba toda la sangre que necesita. De repente se para, con un dolor más intenso si cabe que el proceso de congelación de mi cuerpo, y lo único que mi inconsciente cerebro es capaz de hacer es soltar una delicada lágrima, que cae por mi blanca mejilla, la noto aunque ya estoy muerta, y se desvanece en mi boca, junto a la sangre que por ésta se derrama. La peor y más dolorosa de las muertes a mi parecer, relatada desde la mente de la dama negra, la muerte, porque ella también murió un día de ésta forma, y fue condenada a ser eternamente infeliz…

3 comentarios:

Alby dijo...

no estas sola, yo estare ahi pase lo que pase, y si algun dia te pasa algo ire corriendo hasta donde haga falta para salvarte... no estas sola siempre me tendras ahi...

Alby dijo...

por cierto el texto es genial! tQ bichitoo

Anónimo dijo...

Me encanta... deberias ponerte enserio hacer etas cosas... ya veras como hay mas gente q piensa como tu ^^.
Un besazo preciosa